Quintana salvó el Giro

2014 Giro d'Italia - Stage Twenty One

La 97ª edición del Giro de Italia no pasará a la historia como una de las brillantes, pero si lo hará como la primera en la que se impuso un ciclista colombiano, Nairo Quintana. El boyacense hizo buenos los pronósticos que le situaban como gran candidato para la victoria final, cuando la carrera arrancó desde Dublín, siendo el gran animador de la ronda italiana. El de Movistar llegó a la carrera rosa para estrenarse como jefe de filas de la escuadra navarra en una gran vuelta y cumplió con creces, con dos triunfos parciales y la general, y con la sensación de que sigue quemando etapas con la misma facilidad con la que pedalea.

El colombiano no se inquietó lo más mínimo, ni siquiera durante la primera semana, donde el mal tiempo fue la nota predominante y una infección de garganta tuvo en vilo a su equipo durante varios días. Fueron etapas de nervios y caídas, donde presenció como dos de sus mayores rivales Daniel Martin y, sobre todo, Joaquim Rodríguez se marchaban para casa víctimas del mal fario. En medio de aquel caos, el liderato cayó en manos de un veterano curtido en mil batallas como Cadel Evans. El australiano, beneficiado por un corte que se produjo el día del abandono de Purito, suponía una amenaza para el resto de favoritos a la victoria final, pero todavía quedaba mucha carrera por delante.

No fue hasta la segunda semana, cuando Nairo Quintana empezó a recuperar parte del tiempo perdido. No fue así en la contrarreloj entre Barbaresco y Barolo, en la que Evans cedió el protagonismo y el liderazgo a otro colombiano, Rigoberto Urán. El de Sky era un líder más sólido y el rival a batir en el resto de etapas. Las llegadas a Oropa y Montecampione sirvieron para confirmar que Quintana estaba recuperando su forma y para mostrarnos a una de las sensaciones del Giro, Fabio Aru. El de Cerdeña dio la razón a todos los especialistas que le colocaban como la gran revelación de la prueba al inicio de la misma, realizando una actuación soberbia.

Faltaba la última semana y lo más duro del recorrido para decidir el vencedor y Quintana todavía no había dicho su última palabra. No fue subiendo sino bajando -en el descenso del Stelvio- donde el pequeño escalador dio el golpe. El de Tunja se marchó en compañía de otros corredores en medio de la polémica por la posible neutralización de la bajada, debido a las malas condiciones climatológicas, y remató en la ascensión final a Val Martello. Allí se adjudicó la 16ª etapa y se hizo con la ‘maglia’ rosa que ya no soltaría.

El resto de jornadas sirvieron para constatar la superioridad del colombiano, que incluso se permitió el lujo de anotarse otro triunfo parcial con una exhibición en la cronoescalada con llegada al Monte Grappa. ‘Veni, vidi, vici’, así puede resumirse la primera participación en el Giro de Italia de Quintana, escoltado en el podio final de Trieste por su compatriota Urán y Aru. Por primera vez dos colombianos se metían en el cajón de una gran vuelta por etapas. Allí, desde lo más alto, Nairo divisó sus próximos objetivos: la Vuelta a España y el Tour de Francia del año que viene. Son los próximos peldaños de un corredor dispuesto a marcar una época y que ha demostrado que llegará hasta donde se lo proponga.

Valverde se topa con Gerrans

CYCLING-BEL-LIEGE-BASTOGNE

A las afueras de la ciudad belga Lieja, situada en la región de Valonia, se encuentra el municipio de Ans. El lugar donde cada año finaliza la Lieja-Bastoña-Lieja. La más antigua de las clásicas ciclistas (su primera edición se celebró en 1892). Uno de los cinco ‘monumentos’ del calendario, junto a Milán-San Remo, Tour de Flandes, París-Roubaix y Giro de Lombardía. Nada más coronar el repecho final en Ans, los corredores giran a la izquierda para encarar la recta de meta situada en la Rue Jean Jaurès. Siempre que Alejandro Valverde enfiló esta calle situado en el grupo de cabeza, lo hizo para conseguir la victoria. Hasta que Simon Gerrans se cruzó en su camino.

El australiano impidió el que hubiera sido el tercer triunfo de Valverde en ‘La Doyenne’ (La Decana) y de paso se convirtió en el primer ciclista de su país que consigue vencer en esta carrera. Gerrans se impuso al esprint al resto de corredores del número grupo que llegó hasta la recta final. Justo lo que no quería la organización, que había depositado sus esperanzas en la recuperación de la subida a la Roche aux Faucons (la Roca de los Halcones) para evitar que la prueba se decidiera en los últimos metros y ver algún ataque desde lejos que rompiera la carrera.

La edición número 100 de la Lieja-Bastoña-Lieja decepcionó a todos los que esperaban presenciar un gran espectáculo. Una escapada formada por Matteo Bono, Pieter Jacobs, Michael Koch, Pirming Lang, Marco Minnard y Jaco Venter, fue lo más destacado en el primer tramo de la carrera. Aquí se produjeron tres abandonos relevantes: el cada vez más habitual de Andy Schleck, el de Joaquim Rodríguez (gafado durante toda la semana) y el del campeón del mundo, Rui Costa, para confirmar con otra caída que la ‘maldición del arcoíris’ también se ha cebado con él.

De esta manera, el pelotón fue pasando por la Côte de Vecquée, La Redoute y Forges sin que se produjeran movimientos importantes. Solamente Warren Barguil y Julián Arredondo lo intentaron en La Redoute, sin consecuencias para el gran grupo. Bono, el último superviviente de la fuga, agonizaba a la vez que se acercaba la Roche aux Faucons, donde algo tenía que pasar y al final sucedió poca cosa. El combativo Arredondo volvió a la carga y se llevó consigo a Domenico Pozzovivo, mientras los favoritos se sometían a un férreo marcaje.

2014 Liege-Bastogne-Liege

Los dos escapados coronaron ‘La Roca’ con una ligera ventaja. Por detrás Vincenzo Nibali, Roman Kreuziger y Dani Moreno protagonizaban un peligroso movimiento que Valverde se encargó de neutralizar con el resto de candidatos a la victoria a su rueda. Así llegaron a Saint-Nicholas, la última cota del recorrido. Arredondo y Pozzovivo fueron cazados por el pelotón, pero el italiano, aprovechando un ataque de su compatriota Giampaolo Caruso, volvía a marcharse en compañía del hombre del Katusha.

Superada la cima, Alejandro Valverde amagó con saltar del gran grupo, buscando la sorpresa y enseñando al resto las buenas piernas que llevaba. Solo quedaba afrontar el repecho final en Ans, antes de la recta de meta, y la victoria parecía estar en el numeroso grupo que perseguía a Caruso y Pozzovivo, cuya ventaja nunca sobrepasó los 20 segundos. Ya en la interminable cuesta, un acelerón de Pieter Weening y, a continuación, otro de Przemyslaw Niemiec terminaron por acercar al pelotón hasta la pareja italiana.

Entrando en el último kilómetro, arrancó Daniel Martin -vencedor de la pasada edición– y aquello pareció definitivo. Pozzovivo se hundía y Caruso aguantaba a duras penas. Gilbert encabezó la reacción de los favoritos, pero cedió enseguida y Valverde pasó a liderar la persecución seguido de Gerrans y Kwiatkowski. Caruso tomó la curva final con Martin pisándole los talones, cuando el irlandés se fue al suelo.

La situación era ideal para Valverde, pero al español le entraron las dudas en el peor momento. Miró hacia atrás y vio como Gerrans arrancaba y le superaba. El australiano lanzó la llegada y el de Movistar intentó reaccionar, a la vez que superaban a Caruso, pero fue insuficiente. Gerrans tocaba la gloria y dejaba al murciano sin el triplete soñado.

Valverde reconquista el Muro de Huy

2014 La Fleche Wallonne

Hace ya tiempo, existía una norma, una especie de regla no escrita y asumida por todo el pelotón, la cual establecía que si algún corredor llegaba a los metros finales en compañía de Alejandro Valverde podía dar por bueno el segundo puesto; el primero ya tenía dueño. Una sensación de enorme desasosiego debía invadir a aquellos que se encontraban junto al murciano en las próximidades de la meta. Daba igual la distancia, los rivales o el terreno, Valverde siempre se imponía su clase y su punta de velocidad. Una constante que se repetía en todas las carreras donde competía ‘Balaverde’ o ‘El Imbatido’ (como muchos le conocen). Una leyenda que le acompañaba desde sus años de juvenil.

Con el paso de los años, los adversarios fueron cogiéndole la matrícula. Todos sabían cuál era la rueda a seguir y vigilar en el momento decisivo. Unas veces por errores propios, otras por mala suerte y algunas porque los rivales eran más fuertes, al de Movistar se le escaparon algunas victorias que parecían seguras. Algún Mundial y varias clásicas más podrían adornar su palmarés. Sin embargo, en el ciclismo, al igual que en todos los deportes, no siempre se puede ganar. Valverde llevaba demasiado tiempo sin saborear un triunfo de estas características. Decepciones y frustraciones que iban a olvidarse en el Muro de Huy, la misma colina que le vio coronarse en 2006.

Es la Flecha Valona una de las clásicas más atípicas del calendario. Desde la edición de 1983 toda la emoción se concentra en los 1.300 metros de la subida final, donde normalmente se decide la carrera cada año. Todos los esfuerzos de la organización, por impedir que la prueba se convierta en un esprint masivo cuesta arriba son inútiles, al final ‘Le Chemin des Chapelles’ (‘el camino de las capillas’, debido a las siete capillas que hay en el trayecto hasta la cima) es quien se encarga de dictar sentencia.

Esta vez los organizadores habían colocado el penúltimo paso por el Muro de Huy y la última subida a la Côte d’ Ereffe a solo 23 y 10 kilómetros del final, respectivamente, con el objetivo de que la carrera se moviera desde lejos. Y la carrera se movió, pero no con los corredores necesarios para que ésta se rompiera definitivamente. Ramunas Navardauskas, Jonathan Clarke y Preben Van Hecke fueron los protagonistas de la escapada más destacada , que en ningún momento llegó a inquietar al pelotón.

En el descenso de la última cota se produjo una caída que dejó cortados a Joaquim Rodríguez (este año, gafado en las Ardenas), Damiano Cunego y Frank Schleck, entre otros. Alguno como Jeremy Roy lo intentó en solitario, aunque su intentona estaba condenada al fracaso desde el primer momento. En el guión estaba escrito que la 78ª edición de la Flecha Valona, al igual que tantas otras, iba a decidirse en las rampas finales que rondan el 26%. Ahí estaban Philippe Gilbert, Alejandro Valverde, Michal Kwiatkowski, Dani Moreno (vencedor en 2013) y Jelle Vanendert, dispuestos a batirse el cobre.

El colombiano Carlos Alberto Betancur volvió a intentarlo en las primeras rampas -al igual que el año pasado- pero se quedó en nada. Valverde se colocaba en las primeras posiciones para controlarlo todo, donde no había noticias de Gilbert, que no estaba al mismo nivel que el pasado domingo, ni mucho menos al de 2011. Caruso marcó el ritmo durante varios metros para su compañero Moreno, hasta que Mollema y Arredondo tomaron las riendas.

CYCLING-BEL

A 250 metros de la meta llegó la aceleración de Kwiatkowski, que parecía la definitiva y a la que respondieron Martin, Vanendert y Mollema. Por un momento, Valverde se quedó encerrado contra las vallas y todo pareció perdido. Sin embargo, el murciano se abrió a la derecha, midió la distancia y se lanzó hacia la meta con esa potencia que le caracteriza. Nadie pudo seguirle. Aquello no era una flecha, sino una bala directa a la diana. Valverde culminaba una lección táctica con la tercera victoria consecutiva de un español en la Flecha Valona. El domingo llega la Lieja-Bastoña-Lieja, la decana de las clásicas. Donde buscará su tercer entorchado.

Déjà vu en el Cauberg

2014 Amstel Gold Race

La curva que marca el inicio de la ascensión al Cauberg se ha convertido en los últimos años en un momento crítico para todo aquel que quiera ganar la Amstel Gold Race. Buena parte de las opciones de victoria de un corredor en esta clásica residen en estar bien colocado al paso por este punto. Marchar en los primeros lugares te asegura una buena posición de cara a la subida donde se decide la carrera. De lo contrario, una mala ubicación significa tener que iniciar el repecho a contrapié y verse obligado a remontar bastantes puestos con el consiguiente desgaste.

Lo sabe muy bien Alejandro Valverde, al que una pésima colocación al llegar a la famosa curva le hizo perder casi todas sus posibilidades de imponerse en aquel Mundial de 2012, con un recorrido muy similar al de la prueba que marca el inicio del ‘Tríptico de las Ardenas’. Y lo sabe también Philippe Gilbert, que volvió a repetir la misma maniobra que le dio el triunfo en aquel campeonato del mundo para anotarse su tercera clásica ‘cervecera’. Año y medio después el belga volvió por sus fueros, para llevarse una carrera que dominó a su antojo durante dos ediciones consecutivas (2010 y 2011).

La 49ª edición de la Amstel Gold Race estuvo marcada por la escasez de ataques y movimientos importantes por parte de los corredores y por los abandonos y caídas de ilustres como Joaquim Rodríguez, Andy Schleck, Jurgen Van den Broeck, Geraint Thomas o Daniel Martin. El peor percance lo sufrió Purito que se fue al suelo mediada la prueba y tuvo que visitar el hospital con un fuerte golpe en el pecho. El exámen médico descartó cualquier lesión, pero el catalán no llegará en las mejores condiciones a las dos citas inminentes, Flecha Valona y Lieja-Bastoña-Lieja.

Dos hombres, Christophe Riblon y Preben Van Hecke,  protagonizaron la fuga más destacada de la carrera y se mantuvieron en cabeza hasta el tramo final de la misma, pero ninguno de los dos inquietaba al pelotón. Quienes si preocupaban eran los integrantes de la escapada que se formó con Thomas Voeckler, Greg Van Avermaet, Jakob Fuglsang, Alexander Kolobnev, Pieter Weening, Tim Wellens y Paul Martens, a los que no dejaron coger más de un minuto de ventaja.

2014 Amstel Gold Race

Movistar y Omega Pharma-Quick Step se encargaron de echar abajo la fuga a 10 kilómetros para el final. Como ya es habitual, todo se decidiría en la ascensión final al Cauberg. Una vez más se libró una lucha tremenda entre los ciclistas por llegar bien colocados a la curva que marca el inicio de la subida. Ahí estaban todos los aspirantes a la victoria que seguían en carrera: Kwiatkowski, Valverde, Gilbert, Gerrans, Rui Costa, Gasparotto, Moreno y Vanendert.

El pelotón inició el Cauberg con Jan Bakelants lanzando a su compañero Kwiatkowski, hasta que Samuel Sánchez rompió la unidad del grupo con un cambio de ritmo al que respondieron inmediatamente Gerrans, Valverde y Kwiatkowski. No era un demarraje para irse en solitario, sino para preparar el terreno a su líder en el BMC, Gilbert, que acto seguido remachó con un brutal acelerón por el lado contrario de la carretera. Era la repetición del ataque de los últimos años, en el lugar de siempre y con igual o más intensidad.

Gerrans, Valverde y Kwiatkowski intentaron seguir la estela del belga, pero fue inútil. El valón había metido la directa y se marchaba solo hacia la meta. El trío formado por el australiano, el español y el polaco veía incluso como Vanendert llegaba desde atrás para arrebatarles la 2ª plaza (Gerrans completó el podio). El triunfo ya era cosa de Philippe Gilbert, que conquistaba así su tercera Amstel Gold Race. En pocos días sabremos si su mejor versión ha regresado. Aquella que le hizo apuntarse las tres pruebas que conforman el ‘Tríptico de las Ardenas’ (Amstel, Flecha y Lieja) en la misma semana (2011).

Terpstra redime al Omega Pharma-Quick Step

2014 Paris - Roubaix Cycle Race

Dicen que el ciclismo es un deporte de equipo -aunque luego los reconocimientos los acapara el hombre que consigue la victoria- en el que no siempre gana la escuadra más potente. En el Omega Pharma-Quick Step lo saben mejor que en ningún otro sitio, puesto que en esta temporada en sido varias las ocasiones en las que se han quedado sin premio, a pesar de ser la formación que contaba con las mejores cartas para hacerse el triunfo. Así, vieron como se les esfumaban carreras como la Milán-San Remo o el Tour de Flandes donde partían como el equipo a batir. Hasta que llegó la París-Roubaix.

La 112ª edición de ‘El Infierno del Norte’ coronó a Niki Terpstra como brillante ganador, quien a punto de cumplir 30 años firmó la victoria más importante de su carrera. El holandés se encargó de rematar el gran trabajo de todo el Omega Pharma-Quick Step, que colocó a tres corredores entre los diez primeros de la clasificación final (Terpstra, Stybar y Boonen), donde John Degenkolb (2º) y Fabian Cancellara (3º) secundaron al de Beverwijk en el podio. El suizo, que aspiraba a igualar los cuatro triunfos de Roger de Vlaeminck y Tom Boonen, tendrá que esperar.

Los acontecimientos se precipitaron nada más pasar por el bosque de Arenberg, donde una escapada con Thor Hushovd, Geraint Thomas y Bert de Backer como integrantes más destacados ya contaba con varios minutos de ventaja. Fue en aquel momento cuando uno de los favoritos decidió destapar la caja de los truenos. Aquel hombre no era otro que Tom Boonen. Faltaban más de 50 kilómetros para el final y ‘Tommeke’ lanzó su ofensiva ante el asombro de todos sus adversarios. Ninguno de ellos se atrevió a salir tras el belga desde tan lejos.

Boonen alcanzó a los escapados y siguió tirando sin respiro. Su arriesgada apuesta también tenía como objetivo hacer trabajar a las escuadras rivales (BMC, Belkin, Cannondale), para que sus compañeros de equipo pudieran rematar más adelante. El de Mol buscaba colaboración, pero no lo encontraba y a veces amagaba con marcharse en solitario. De esta manera, el grupo de Boonen llegó a Mons-en-Pevele con el pelotón a menos de un minuto, donde Peter Sagan, Fabian Cancellara, Sep Vanmarcke y el resto de Omega Pharma esperaban su momento.

2014 Paris - Roubaix Cycle Race

Varios arreones del Belkin -a cargo de Vanmarcke y Boom- acercaron al gran grupo a los fugados, momento que aprovechó Sagan para dejarse ver por primera vez. El eslovaco arrancó con Wynants a su rueda y no tardó en alcanzar al grupo de Boonen. La carrera se le estaba complicando a Cancellara, que encontró en su compañero Jesper Stuyven y en los Belkin la ayuda necesaria para seguir metido en la pelea. Por delante, Sagan volvió a acelerar para marcharse en solitario y liderar la prueba. En aquel instante ‘El Bicho’ se percató de que ganar la París-Roubaix también entraba dentro de sus posibilidades. Algo que hasta la fecha no tenía tan claro.

Vanmarcke tomó las riendas de la persecución de Sagan, con Cancellara, Stybar y Degenkolb a su rebufo. La aventura de Boonen llegaba a su fin y varios problemas mecánicos le dejaban algo rezagado. Los corredores se acercaban al Carrefour de l’Arbre, el lugar donde tantas veces se ha decidido la carrera. Sin embargo, en este punto las piernas ya estaban para pocas alegrías. Los perseguidores capturaron a Sagan y el ritmo se ralentizó, lo que propició que llegase desde atrás un sexteto compuesto por Boonen, Terpstra, Langeveld, Thomas, De Backer y un sorprendente Wiggins.

Quedan 8 kilómetros para la meta y diez corredores iban a jugarse la victoria. En el grupo, mayoría de Omega Pharma-Quick Step (Boonen, Terpstra y Stybar) y demasiados ‘gallos’ vigilándose. A la salida de una curva, atacó Niki Terpstra y nadie saltó tras él. Sus compañeros Boonen y Stybar le guardaban las espaldas mientras ninguno de sus rivales se decidía a iniciar la cacería. Solamente Geraint Thomas hizo un amago de salir a por el neerlandés. Terpstra consiguió abrir un hueco suficiente para presentarse en solitario en el velódromo de Roubaix y culminar la magnífica labor de todo su equipo.

Cancellara agranda su leyenda

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No hay nada que inspire más desconfianza a Fabian Cancellara que llegar acompañado a los últimos kilómetros de una carrera. El suizo sabe que el potente motor que alberga en su interior funciona a las mil maravillas en las distancias largas, pero que en las cortas no es el más fiable. En términos automovilísticos, el de Berna sería un diésel capaz de recorrer muchos kilómetros a toda velocidad, gastando poco combustible, y con problemas para desarrollar toda su potencia en espacios reducidos. De ahí sus temores en una llegada al esprint.

Pudo comprobarlo en el Tour de Flandes de 2011, cuando fue tercero luchando con Nick Nuyens y Sylvain Chavanel. De hecho, sus dos victorias anteriores en esta prueba (2010 y 2013) se fraguaron con un ataque en los últimos muros de la carrera, donde nadie pudo seguir el ritmo infernal que marcan sus piernas. Por eso, cuando ‘Spartaco’ se presentó en la recta final de Oudenaarde junto a Greg Van Avermaet, Sep Vanmarcke y Stijn Vendenbergh, no pudo evitar que le asaltaran las dudas.

La 98ª edición de ‘De Ronde van Vlaanderen’ fue una de las más accidentadas que se recuerdan, con numerosas caídas. La más grave se saldó con el abandono de Johan Vansummeren y con una espectadora de 65 años en estado crítico. Con el pelotón rodando a toda velocidad, el belga se salió de la trazada y arrolló a la mujer que se encontraba en una isleta viendo el paso de los ciclistas. El corredor del Garmin se encuentra en el hospital recuperándose de sus heridas, mientras la anciana se debate entre la vida y la muerte.

A la hora de señalar a los grandes aspirantes para hacerse con la victoria, un corredor sobresalía por encima del resto, Fabian Cancellara. Siendo Peter Sagan y Tom Boonen sus dos adversarios más destacados. El belga estaba dispuesto a hacer valer la superioridad de su equipo, el Omega Pharma-Quick Step, para impedir otro triunfo del helvético. De esta manera, la escuadra belga fue la encargada de hacer la primera gran selección en el Koppenberg, cuando ya se habían recorrido más de 200 kilómetros.

El grupo principal se redujo a una docena de corredores, con todos los favoritos manteniendo sus opciones intactas. A un ataque de Greg Van Avermaet respondió Stijn Vandenbergh, compañero de equipo y compatriota de Boonen, por lo que el belga movía ficha mandando a uno de sus escuderos por delante. Los dos escapados pusieron tierra de por medio y por detrás no había acuerdo para iniciar la persecución, lo que propició que un grupo de 30 ciclistas volviera a entrar.

Los dos de cabeza ya contaban con un minuto de renta y nadie hacía nada por impedirlo. Una vez más, como ya sucedió en el Tour de Flandes y la París-Roubaix del año pasado, Cancellara iba a tener que arreglárselas él solito, sin la ayuda de su equipo ni la de otros corredores. El ‘expreso de Berna’ arrancó la locomotora en el segundo paso por el Kwaremont y el grupo de vanguardia saltó por los aires. Sagan se quedó sin respuesta ante la ofensiva del suizo. A Boonen le pilló mal colocado. Solamente Sep Vanmarcke fue capaz de pegarse a su rueda.

Tour of Flanders

Por delante, Van Avermaet suelta a Vandenbergh en los primeros tramos del Paterberg, mientras Cancellara y Vanmarcke se acercan peligrosamente. El del BMC corona el último muro con unos segundos ventaja sobre sus perseguidores. Cancellara no afloja, Vanmarcke resiste y Vandenbergh se agarra al tren como puede. Faltan 13 kilómetros por el final. En la bajada y el llano que conduce hasta Oudenaarde los tres dan caza a Van Avermaet. En los últimos se producen varios intentos por parte de Vandenbergh y Van Avermaet sin consecuencias. Por detrás, Kristoff (el sorprendente ganador de la Milán-San Remo) y Terpstra intentan llegar sin éxito.

Los cuatro de cabeza se presentan en la interminable recta de llegada. Tres belgas y un suizo van a jugarse el triunfo al esprint. Cancellara no es el más rápido del grupo, pero sí el más listo, el más fuerte y el que tiene más sangre fría. Van Avermaet lanza la llegada, ‘Spartacus’ se agarra de la parte inferior de su manillar, aprieta los dientes y rebasa a sus tres oponentes. Es su tercer entorchado en ‘De Ronde’, el que le sitúa a la altura de Leman, Buysse, Magni, Museeuw y Boonen con el mayor número de victorias. El próximo domingo buscará su cuarta París-Roubaix y seguir haciendo historia.

Kristoff, otra sorpresa en la Milán-San Remo

2014 Milan-SanRemo

La Milán-San Remo parece haber perdido parte de su encanto en los últimos tiempos. Será por el cambio de sábado a domingo, el recorrido, la mala climatología que ha acompañado a la carrera este año y el pasado o el escaso pedigrí de los últimos ganadores. A los sorprendentes Simon Gerrans y Gerald Ciolek (vencedores en 2012 y 2013) se les unió un noruego (el primero en la historia de la prueba), Alexander Kristoff. Un corredor que, a sus 26 años, ha conseguido el triunfo más importante de su carrera al imponerse al esprint a los candidatos a la victoria.

El frío y la lluvia volvieron a condicionar uno de los llamados ‘monumentos’ del ciclismo y puede decirse que favorecieron a un corredor como Kristoff, natural de Oslo y más acostumbrado a las malas condiciones climatológicas. La 104ª edición de la ‘classiccisima’ no pasará a la historia como una de las más vibrantes en la historia de la carrera. De hecho, lo único reseñable en el comienzo de la misma fue el desafortunado abandono de José Joaquín Rojas por una culpa de una caída en la salida neutralizada.

La supresión de la subida a Le Manie en el recorrido propició que el pelotón rodara unido durante buena parte del trayecto y que solo se registrara una escapada con siete corredores (Barta, Boem, Bono, De Maar, Haas, Parrinello y Tjallingii), sin que ninguno de ellos supusiera una amenaza real para los favoritos. Sin embargo, el mal tiempo y el alto kilometraje (294 kilómetros) se iban a cobrar dos víctimas ilustres y con opciones de llegar a la meta con los brazos en alto, Michal Kwiatkowsi y Diego Ulissi.

Con el Trek de Fabian Cancellara conduciendo el gran grupo, los ciclistas afrontaron uno de los momentos clave de la prueba, la ascensión a la Cipressa. Si alguien quería impedir que la carrera se decidiera al esprint, este era el momento de intentarlo. Era la hora de los valientes. Y a la llamada respondió Vincenzo Nibali, como no podía ser de otra manera, el único de los especialistas en vueltas de tres semanas que estaba inscrito. ‘Lo Squalo’ se dejó llevar por su instinto y atacó como ya lo hiciera hace dos años en el Poggio.

2014 Milan-SanRemo

Todavía faltan 25 kilómetros para la llegada y el italiano se marchó solo, alcanzó a algunos hombres procedentes de la escapada y que todavía marchaban por delante, los dejó atrás y siguió en solitario con su atrevida apuesta. Tras unos instantes de indecisión, en los que la ventaja del siciliano llegó a rondar el minuto, los corredores del Sky y del Lotto se hicieron cargo de la persecución; capturando a Nibali en las primeras rampas del Poggio, la última dificultad del día.

En aquella subida lo intentaron sin éxito Gregory Rast, Greg Van Avermaet y Enrico Battaglin, cuyas ofensivas fueron neutralizas por Zdenek Stybar y Roman Kreuziger, que trabajan en favor de Mark Cavendish y Daniele Bennati, respectivamente. El grupo quedaba reducido a 25 corredores, que iban a disputarse la victoria al esprint si el peligroso descenso hasta San Remo no lo impedía.

Tras la peligrosa bajada y varios kilómetros de llano, donde Luca Paolini y de nuevo Zdenek Stybar tomaron las riendas, los corredores afrontaron el último kilómetro con Phillipe Gilbert lanzando la llegada. Ni Mark Cavendish (5º), ni Peter Sagan (10º), ni Fabian Cancellara (2º) ni Gerald Ciolek (9º) iban a llevarse la victoria. Ésta iba a ser para Alexander Kristoff. Un hombre con el que nadie contaba y que surgió de la nada para inscribir su nombre en el prestigioso palmarés de vencedores de la ‘classiccisima’.